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Los nombres
En tiempos de la colonización, el lugar donde se levanta hoy la ciudad de Clorinda era conocido por los aborígenes tobas como "Gualaganit", que significa Guayacán. Hacia 1875, se denominó "Puerto Guillermina", en honor a Guillermina Barcena de Uriburu, esposa del gobernador del Chaco.
Unos años más tarde, por orden del Ministro de Guerra y Marina, Benjamín Victorica; el teniente de Navío Valentín Feiberg, crea el Fortín Coronel Fotheringham, con la dotación del 6° Regimiento de Caballería a cargo del capitán Pedro Altamirano, hacia el año 1884.
Algunas crónicas de la época señalan que la viuda doña Marana de Hertelendy nominaba a sus documentaciones personales y su nutrida correspondencia como "Colonia La Providencia" a estas tierras. En 1922 el gobernador del Territorio Nacional Formosa denominó oficialmente a dicha colonia como "Colonia Juan Page"; muerto durante una expedición por el río Pilcomayo el 2 de agosto de 1890.
El nombre de Clorinda surge en honor a doña Clorinda Pietranera de Bossi, esposa de don Ruggero Bossi, y madrina y tía de don Manfredi de Hertelendy.
La confusión
En 1949 fue enviada una carta dirigida al Señor Pablo Seletti, residente de un lugar de nombre Clorinda en Formosa. Pero resulta ser que el correo llegó tiempo más tarde y la carta apareció sellada en Taiwán y devuelta a Sudamérica... después de tanto viaje, alguien -afortunadamente conocedor de geografías- debió haber aclarado que la localidad de Clorinda se encontraba en la provincia argentina de Formosa, ubicada a orillas del río Pilcomayo y en el límite con el Paraguay.
El asentamiento fronterizo, que hoy es la ciudad de Clorinda, tiene una fundación oficial que se remonta a 1899 cuando se reconoce la localidad como parte del territorio nacional. Sin embargo, Clorinda nació mucho antes, con otros nombres y en su historia se conjugan un montón de relatos anónimos.
Podríamos rescatar, entonces, las historias de aquellos que llegaron primero, convivieron con los aborígenes toba y se asentaron con el primer contingente de marineros. Cuenta la historia que algunos vinieron por orden del gobierno federal para consolidar el territorio nacional cuando eran las guerras de la Triple Alianza y que otros llegaron para quedarse en las márgenes del Pilcomayo a construir su futuro. Entre ellos, quizás, hoya arribado don José Fernández Cancio -como cuentan las historias orales – para sembrar tabaco, aunque luego el negocio del tambo fuera más rentable. Y quizás, también entre ellos, se deslizaron los antecesores de la Sra. Clorinda Pietranera quien, por cosas del destino y cosas de Don Manfredi de Hertelendy, le dio el nombre definitivo al lugar.
Aunque el asentamiento se reconoció oficialmente a fines del siglo XIX, el lugar tardó otros cincuenta años en hacerse reconocer; debe ser por eso que, durante mucho tiempo, la gente de la Capital Federal no sabía que Formosa no era la Isla de Formosa (actualmente Taiwán) y que Clorinda era parte de Argentina.
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